
No siempre una persona es recordada como desearía. A veces ocurre que se es de una forma y la memoria busca detalles que cambian las perspectivas y las opiniones. La vida pasa y vamos dejando pedazos de uno mismo en el camino, con personas que comparten, durante poco o mucho tiempo, la senda elegida. En ocasiones, la brisa de un cambio de estación es suficiente para borrar las huellas dejadas. Nada queda en el camino.
En otras, la paleta del destino dibuja un cuadro armónico, tanto en acciones como en recuerdos, en un camino trazado a golpe de voluntad y tesón. La humildad hace que la voluntad sea clara y limpia, con un ritmo constante, como un canto leve pero continuo, sin pausas bruscas. Ver más allá del fin del acantilado de nuestro orgullo, sentir que el mar no se detiene en el horizonte si no que hay más por descubrir. Y todo por ser mejor en lo que mueve tu vida.
Y en el camino se encuentran almas, atraidas con el imán de la similitud y de la complicidad. A medida que se avanza, el lazo es más fuerte y en cada cima el abrazo más profundo.
Muchos hemos estado en el camino contigo. Hemos compartido sombras amables despues de una larga marcha bajo el Sol. También pozos secos cuando hemos estado sedientos de recompensa por un trabajo bien hecho. No ha importado, nada ha hecho que dejemos la senda, nos desviemos un centímetro. Hemos seguido adelante, sabiendo de donde venimos, seguros de donde vamos.
Repetir. Más horas, más entreno. Buscar. Tácticas nuevas, perspectivas diferentes. Nunca quedarse contemplando el espejo de la complacencia. Por nosotros, por los demás. Juntos, en el camino, seguir entrenando, seguir sudadndo, seguir sufriendo. Ahora sin ti, ahora contigo, de otra forma, pero contigo. Siempre.
Qué hacía que siguiésemos adelante? La razón por la que vivimos: el servicio a los demás, preservar la vida. Y nuestro honor, por encima del orgullo, por debajo de la humildad. En su justo sitio. Qué hará que sigamos los que quedamos? Tu recuerdo, tu memoria y nuestro deber.
Una roca en el mar, entre idas y venidas de oleaje malintencionado. Seguro, fijo y atento. Paso a paso, levantando polvo de un camino a veces demasiado estrecho. Pero cabiamos todos, una mirada alrededor, estamos los que debemos. Tú el primero.
Seguiremos avanzando, no lo dudes. Delante tu, en el recuerdo, como la bandera de nuestra familia. Cuando la cabeza esté gacha, te buscaremos arriba, marcando el sendero, con tu mono azul gastado por horas de entreno.
Serás recordado como deseabas, de la misma forma en que vivías. Hemos recogido un pedazo de tu vida y la llevaremos con nosotros. No será en vano, te lo juramos. Seguiremos entrenando y dando lo mejor de nosotros al que quiera recibirlo.
Nos ha dejado un POLICIA.
Su nombre: Iñaki.